Abajo las máscaras

Masks

El desempeño individual es clave, qué duda cabe, pero el desempeño del equipo colectivamente es superior. Al final, nadie gana solo/a.

Es uno de los temas que trata Charles Duhigg en su último libro “Smarter Faster Better: The Secrets of Being Productive in Life and Business”.

Duhigg examina el caso de Google con su proyecto Aristóteles que busca destilar la fórmula del equipo perfecto. No se llegó un descubrimiento realmente nuevo, pero si a darle un nuevo valor al espacio relacional y emocional de las personas.

Los equipos que logran propósitos extraordinarios son equipos de personas reales, no de personas enmascaradas que ocultan sus ideas, problemas y sentimientos por temor a ser vulnerables emocionalmente frente el resto.

La tesis sostenida por Duhigg es que si las personas se conocen por lo que realmente son, se asegura la “seguridad psicológica” de cada uno, generando así un mayor espacio para alinearse y aprender colectivamente en la hora de criticar, de pedir cambios por parte del otro y de tener que ceder personalmente en pos del desempeño del equipo.

Crear este espacio toma tiempo y requiere compartir lo que de verdad nos mueve, nos preocupa y nos aqueja. Es una condición ineludible para conseguir junto a otros algo especial que nadie puede solo.

Dejo planteada la pregunta: ¿Qué prácticas tienen en tu empresa y en tu equipo para compartir existencialmente?

Referencias:

Fuente de la foto: Unmaskd